
Voy a dejártelo claro desde ahora, ya me aburrí de los rodeos; de esperar que las horas pasen, y de mirara la nada, para no sentir todo lo que tengo adentro. Léelo y léelo bien, una y otra vez, que no quiero que se te olvide, y no pienso cambiar de parecer.
Me rehuso a recordarte con dolor, me niego a olvidar la alegría que me generó tenerte, aunque fuera un segundo, una hora, un día o un mes. El tiempo que el reloj quiso marcar como nuestro, no es más que eso -es nuestro- y como nuestro es mío, y como mio, no se lo voy a entregar al olvido; ni a la pena; ni a las lágrimas que se me acumulan en las cuencas para resbalar por mis mejillas. ¿Quién dijo que el dolor no se puede enfrentar con alegría? Son míos los recuerdos de mi cabeza.
¿Te ha quedado claro? Voy a sentir aquí y ahora lo que quiera sentir, no me importa que el mundo se empeñe en pintar nuestro lienzo de gris. ¿Y que si las palabras se me escapan aceleradas de los dedos? si de todos modos, los sentimientos se me arrancan traicioneros, y he decidido hacer algo con ellos. Me niego, me rehuso, no importa lo que los demás quieran. No recordaré nuestros momentos como flores marchitas; ni como hilos que me cosen el dolor al cuerpo; como el corsé que se me ciñe a la figura, más que para verme bella, para no dejarme respirar tranquila.
No quiero mojar los libros con las lágrimas que me caen al leer los poemas de Neruda, quiero usar las letras para estamparme las grietas de mis heridas, que ya no me sangrará más la piel, porque recuerdo tu voz acariciándomela con la suavidad de esos versos. Voy a escuchar una y otra vez las melodías que cantamos, y no dejaré que la sangre me fluya más despacio dentro, quedándose atascada en los acordes tristes, que me duelen por no tener tus ojos cantándolos a coro.
Prefiero tomar mi cámara y caminar por la acera donde dance llevándote de la mano; captar los lugares en que te sentaste a mi lado, e imaginar en el retrato, que tu aroma aún sigue impregnado.
¿Te quedó claro? Me rehuso a renunciar a ti y aceptar el dolor, me niego a sacarte de adentro mío, y caer en el estúpido juego del mundo, que no sabe recordar con cariño.
No volveré a ser la roca que antes fui, prefiero ser el río que fluye, que a veces cae o lo ensucian, pero que sigue corriendo cuanto quiere, y con sus gotas va dando vida, cuando se rebosa de alegría.
