lunes, 16 de agosto de 2010

Volviendo a Baudelaire


Y me llegó áspero a las manos como salido de otra época, y cuando lo tocaba el polvo me opacaba las yemas. Dudé si en algún momento puse ahí tinta o si era solo tierra, eran mis raíces aferrándose donde pudieran.


Traté de pensar en él, pero se escondía en un resquicio de alma antigua, y para evocarlo tenía que escuchar música que me ensordecía. Su piel no me pertenecía, sus pensamientos no eran mis pensamientos, su sentir astillado fue limado de mis huesos hace mucho tiempo. Por eso decidí presentárselo a ella, hacerlo penetrar en ella (en mí), crear de dos... uno, y darnos cuenta que seguimos siendo la misma sangre. Pero ella está seca, con la sangre seca, con la tinta seca; y yo estoy desnuda, sin vestimenta, desvestida de ideas.


Y ya no estoy segura.... él ya no es el mismo, el título lo cambiaron, la firma no salió de mis manos. Y ya no se si soy el personaje o la autora (o si alguna vez fui). Si la máquina es una cosa o un alguien; mi propia extensión o un objeto aparte.


Nunca supe (nunca sabré) si yo derramé aquí mis ideas, o si son las ideas las que me derramaron en las hojas.