viernes, 29 de enero de 2010

Es tan corto el amor y tan largo el olvido (Pablo Neruda)


Un mar completo, miles de kilómetros de distancia, un sin fin de nuevos paisajes que contemplar... y sigues anclado en mi pecho.


Mi cuerpo de sirena que respira, ya ni siquiera se consuela con nadar, ya que las corrientes que tratan de imitar tus caricias, no son las mismas que alguna vez tocaron mi silueta.


¿Cómo cultivar y olvidar en tierra ajena? ¿a dónde tengo que ir para alejarme de tu presencia? ¿de mi pesadilla? ¿de nuestra tristeza?


Un castillo, más de mil cuentos de princesas, incontables pasos he andado, y muchos caminos a mi espalda se entrecruzaron... en ellos se perdió nuestro destino...


Se que no eres más que el embustero que se atrevió hablar en mi hora más silenciosa, explicarme qué tan extenso y resistente es el hilo rojo, ¿qué tan infinitos son nuestros túneles? -A caso eres tú el que sabe: ¿qué tan corto es el amor y cuán largo es el olvido?-.


domingo, 10 de enero de 2010

Equipaje


Cada vez que elegía, metía y sacaba cosas de mi maleta me daba cuenta que tenía miedo, tenía miedo de llevar algo que fuera inútil para mi viaje, o de olvidar aquello que necesite sin remedio. Necesitaba saber exactamente que llevar, y en que cantidad, no quería empacar ni una lágrima de más, ni una sonrisa de menos.

Cada espacio es importante, y cada artículo debe ser certero, más cuando se viaja cargada de sentimientos, ya que de estos se necesitan muchos, y cada uno pesa un buen resto.

Todo parecía ir bien mientras preparaba mi bolso: mi cepillo de dientes por acá, mis gafas en este otro lado, en un bolsito mis aros, y bien enfrascado, todo mi espíritu aventurero.

Todo se veía perfecto, hasta que recordé algo que aún no había empacado -aún no guardaba las palabras que iba a necesitar- y el espacio que quedaba disponible en mi bolso de manos, se hizo insuficiente frente a la gran cantidad de vocablos viajeros.

El problema no era solamente la gran cantidad de palabras que sabía y que necesitaría, para describir, decir, y escribir todo lo que iba a sentir, lo que iba a ver y lo que iba a aprender en mi travesía. Sino que el espacio necesario aumentaba al doble, al pensar que necesitaba palabras en mi lengua natal, and all the words in english that i will need to speak with people in Europe, y no solo eso ¿Dónde iba a meter a mi regreso todas las palabras que aprendería en checo?

Decidí tomar medidas drásticas: no sólo necesitaba hacer espacio en mi maleta, sino también conseguir nuevas palabras, para no quedarme corta al momento de expresar todo lo maravilloso que pronto estaría viviendo.
En mi bolso de mano guardé las hojas de los árboles que más murmuraban cuando pasaba a su lado; los pétalos de flores que perfumaban con las palabras más coquetas, bellas y suaves; también empaqué algunas palabras que logré arrancarle al viento, y por si acaso, unos cuantos ladridos de mi perro.

Un bolsillo mediano de mi maleta lo dejé vacío, así podría guardar ahí todas las palabras nuevas que aprendiera en mis trayectos. Tuve miedo de que al mezclar tantos idiomas en un solo bolcillo, llegara aquí con palabras mitad en checo, mitad en francés y con el centro en italiano, pero prefería esta mezcolanza, a tener que volver a casa sin estas nuevas articulaciones mágicas.

Finalmente como no había más espacio, tomé todas las palabras que conocía, y me tejí con ellas un sombrero, una bufanda, unos calcetines y un chaleco, así me las llevo puestas y no me cobran sobre peso.

La Puerta


Podía sentir el frío de la calle llegando hasta mí. La luz del farol oxidado de la esquina se colaba silenciosa y débil en mi habitación oscura. Y ahí estaba yo de nuevo, con el mismo rostro pasmado de cada vez, mi cuerpo desairado acababa de caer encontrando bajo él la cama donde mil veces te soñé.

Con la mente entrelazada, y los pies desnudos husmeando entre las sábanas, desesperados buscando un poco de suavidad, un poco de distracción después de tu dura y punzante partida. Me tomó más de un minuto volver a la vida, no podría decirte cuantos segundos, porque estaba indescriptiblemente perdida. Y como primer acto de aquel que pone un pie en tierra nueva, estiré mi mano, deslizándola suavemente hasta tocar la almohada, quería usarla para cortar mi respiración acelerada; para derramar sobre ella el montón de sentimientos que otra vez, como tantas anteriormente, infestaban mi cuerpo.

Me sentí TAN predecible al notar que mi confesora nocturna seguía marcada con mi ebullición de sentimientos de la última noche, aún no se secaban las lágrimas que derramé por ti la última vez, y yo, como magdalena tonta y sumisa, estaba lista para reborsarla de nuevo...

Nunca antes me he sentido tan torpe, y al mismo tiempo, tan poco culpable; es que cuando el hilo danzante de aire callejero me subió por la columna vertebral, fue como si de repente toda mi tozudez quedara perdonada. El viento me llamó invitándome a levantar la mirada, y la luz del farol me dio justo en los ojos, permitiéndome ver la realidad: ahí estaba otra vez, en la misma posición que las últimas incontables veces, entre abierta, dejando entrar junto con el frío, tu esencia, tus palabras fácilmente arrojadas al viento, tu espalda que se encuentra a medio voltear cada vez que te marchas.

¿Y ahora qué harás? ¿Qué pasará cuando ella?... aquella que ya ni siquiera tiene nombre, ya que no es una, sino cualquiera que pueda cargarte lejos de mí... ¿Que harás cuando aquella se aleje otra vez de ti? ¿Vas a volver? ¿entrando fácilmente por la puerta que nunca te has dignado a cerrar? y yo al otro lado, con las llaves en la mano, los brazos alados y el corazón, como siempre, reparado con poemas vacíos y astutamente elaborados.

¡No es mi culpa! TU LA ABRISTE, Y NO LA CERRASTE NUNCA MÁS. Yo a media luz, tratando de empujarla con la mente, y poniendo el corazón entre la madera y el umbral.

La llave... tal vez la use, tal vez la tire en algún ataque, o tal vez me la trague. Por ahora, mi cuerpo pesa kilos de sufrimiento, y yo, de espalda al marco que cruzaron tus zapatos, dejo caer mi cuerpo sobre la tabla vertical que sepultará tu recuerdo, haciendo de una vez, lo que en un principio debiste haber hecho.